Hipócrita homenaje a los trabajadores de la salud

A health care worker tosses the coin before the NFL Super Bowl 55 football game between the Tampa Bay Buccaneers and the Kansas City Chiefs, Sunday, Feb. 7, 2021, in Tampa, Fla. (AP Photo/Ashley Landis)

A health care worker tosses the coin before the NFL Super Bowl 55 football game between the Tampa Bay Buccaneers and the Kansas City Chiefs, Sunday, Feb. 7, 2021, in Tampa, Fla. (AP Photo/Ashley Landis)

La aparición de la enfermera Suzie Dorner para arrojar la moneda que definiría cuál de los equipos del Super Bowl patearía primero el balón tuvo un carácter más que simbólico ahí en medio de la cancha del Raymond James Stadium. Hubiera sido injusto, criticable y mezquino que no fuera alguien de ese sector la persona que apareciera ahí para el volado.

Pero justo por eso también es hipócrita. A lo largo de casi 12 meses nos hemos llenado la boca de porras y vivas hacia el personal médico, en algunas latitudes incluso las dedicaron varios minutos de aplausos todos los días a la misma hora, mientras en otros hasta murales les hicieron para inmortalizar la proeza de soportar día tras día lo que parece no tener fin.

Nos enorgullecemos de ellos y al mismo tiempo, hemos despreciado su trabajo de la manera más vil: echando en saco roto cada una de las recomendaciones para evitar más contagios. Nos conmueve que den su vida y algunos lleguen a perderla por salvar la nuestra pero les escupimos a la primera oportunidad. Peor aún, algunos aún siguen siendo agredidos física y moralmente por vecinos, que los han llegado a lanzar de sus propias casas; o por quienes llevan los gobiernos de cada país (porque a estas alturas llamarles autoridades ya ni siquiera es válido) minimizando sus peticiones de material y protección adecuada.

Ya no digamos los lugares, como México, donde incluso han sido vacunados maestros (que no tienen para cuando volver a clases y quienes tampoco culpa tienen de dichos caprichos populistas) y burócratas antes que muchos médicos, enfermeras, paramédicos y personal de limpieza y recepción de hospitales.

Los encumbramos como héroes pero a la menor oportunidad los culpamos cuando alguien cercano muere y los tachamos de inhumanos cuando en algún momento surge un video de alguien falleciendo a las puertas de un hospital sin saber siquiera por qué llegó en esas condiciones.

Nada más hipócrita que rendirles homenaje en un campo de juego mientras en el mismo lugar hay otras 22 mil personas (7,500 de ellos, por cierto, sanitarios todos vacunados que debieron ser lo únicos en estar ahí), supuestamente con sana distancia, pero a juzgar por las imágenes, ni tan sana; además de que las medidas de cubrebocas se olvidaron a la primera de cambio mientras afuera la fiesta en bares y restaurantes era para ponerse a llorar, si uno fuera médico.

Baste el ejemplo de la Serie del Caribe de béisbol, de nuevo en México, en cuya inauguración y desde una ventana lejana en un hospital, los miembros del servicio sanitario solo podían decir resignados que pronto verían ahí a muchos de los que estaban en el estadio.

Ningún homenaje será genuino si no entendemos, de una vez por todas, que al importarnos poco la pandemia no solo exponemos nuestra vida, sino la de ellos también. Si uno tuviera que hacer un símil es como si le agradeciéramos a un bombero por controlar el incendio para enseguida saltar a las llamas enfrente de ellos. Así de absurda es nuestra actitud. Y así de hipócrita.

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Fuente: Yahoo Noticias